Rodrigo Pacheco
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El tsunami de la pirámide invertida

A finales del siglo XVIII y principios del XIX, el economista y académico británico Thomas Malthus escribió que el crecimiento demográfico era un problema constante de los países, debido a que, tarde que temprano, ejercía una enorme presión y los habitantes superaban la capacidad de producción de insumos básicos de los países que habitaban.


Los cálculos malthusianos proyectaban que la población de la Gran Bretaña se duplicaría cada 25 años y llegaría a 28 millones en medio siglo, 1850, pero la capacidad de producción de alimentos podría suplir las necesidades únicamente de 21 millones, lo cual provocaría una crisis; obviamente, el economista se equivocó en varios órdenes de magnitud porque no anticipó los avances tecnológicos de la Revolución Industrial y la mecanización de la agricultura que ocurrió justo en su época y país.


Apenas a inicios de semana, la ONU publicó que el 15 de noviembre de este año habrá 8 mil millones de seres humanos, de los cuales poco más de mil 400 millones vivirán en China y otros mil 400 millones en la India, país que en 2023 se convertirá en el más poblado de la Tierra. De acuerdo con la ONU, en los 100 años que van de 1950 a 2050 la población habrá pasado de 2 mil 500 millones de seres humanos a 9 mil 700 millones.


La mitad de los mil 700 millones de personas que van a integrarse entre este año y el 2050 provendrá de ocho países que son India, Pakistán, Nigeria, Filipinas, Etiopía, Congo, Egipto y Tanzania, no obstante, los países más poblados serán India, China, Estados Unidos, Nigeria, Pakistán, Indonesia, Brasil, Congo, Etiopía y Bangladesh. En el caso de México, que hoy es el décimo país más poblado de la Tierra, con 127 millones de habitantes, caerá a la posición trece y ello entraña un problema importante.


El problema de México no es la cantidad, será la composición; de acuerdo con las proyecciones de la ONU, para el año 2050 México tendrá 144 millones de habitantes y será, en su mayoría, una población envejecida. Las proyecciones del Consejo Nacional de Población para 2050 calculan que los jóvenes serán únicamente el 23% de la población. El problema es que el bono demográfico de hoy se convertirá en el tsunami demográfico del mañana, sobre todo porque, en la fuerza laboral de hoy, el 56% no cuenta con seguridad social, lo cual implica que no tendrá recursos para su retiro, a lo que hay que sumar que el 44% restante sí tendrá, pero será insuficiente, ya que, aun con la reciente reforma al sistema de pensiones, la tasa de sustitución llegará apenas a 74%, pero hay que considerar que los salarios están pauperizados y el 67% de los mexicanos gana hasta dos salarios mínimos y únicamente 5.6% tiene ingresos superiores a los tres salarios mínimos.


A ello hay que adicionar que México es un país con altos niveles de obesidad entre adultos y niños, lo que garantiza que un gran porcentaje de mexicanos padecerá enfermedades crónico-degenerativas, como la diabetes, por lo cual el sistema de salud estará bajo una enorme presión y, como la curva demográfica estará invertida, la curva del crecimiento económico será negativa.


A lo mejor esta proyección de números es un malthusianismo inverso, es decir, escasez no por exceso de población, sino por no tener habitantes jóvenes, sin embargo, hay que considerar que 2050 está tan lejos como 1994, y aunque mucho puede mejorar en términos de instituciones e innovación en la medicina, que puede hacer más baratos y mejores los tratamientos médicos, de la mano de nuevas revoluciones tecnológicas, se podría mantener vibrante el consumo y la capacidad laboral de lo que hoy se considera un adulto mayor. Es un tema que debe abordarse a profundidad o, en un país como México, el futuro será senil y enfermo.

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